Entorno

Ruta de los vetones: castros y verracos

Antes de los romanos, las sierras de Ávila eran tierra de los vetones, un pueblo que vivía en grandes poblados fortificados, los castros, y tallaba en granito toros y cerdos: los verracos. Desde Robledillo tienes su castro más impresionante casi en la puerta.

Castro de Ulaca (a 10 minutos)

Uno de los mayores castros de la Península, sobre un cerro de granito en Solosancho: murallas, restos de casas, el altar de sacrificios con escalones tallados y una sauna excavada en la roca. Todo en el Castro de Ulaca.

Verraco de Villaviciosa (a 8 minutos)

En el pueblo se conserva un verraco de piedra, y el castillo de Villaviciosa merece la parada.

Las Cogotas (a unos 40 minutos)

En Cardeñosa, al norte de Ávila y junto al embalse de Las Cogotas: un castro con recintos amurallados y una gran necrópolis.

La Mesa de Miranda (a menos de una hora)

En Chamartín: tres recintos amurallados, torres, un foso y campos de piedras hincadas, entre las últimas estribaciones de Gredos y la llanura.

Toros de Guisando (a algo más de una hora)

En El Tiemblo: cuatro verracos alineados, los más famosos de todos.

Y muy cerca de casa, aunque de otra época, el poblado hispanovisigodo del Castro de Navasangil. Los castros están al aire libre: calzado cómodo, agua y protección para el sol.

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