Esta
singular ruta que propongo hacer desde Robledillo, nos acerca
a la cultura Celta, concretamente a los vetones.
Si salimos de Robledillo en coche hacia Ávila, el primer pueblo
que encontramos, a unos dos km., es Solosancho. Allí dejaremos
esa carretera para ir al cercano Villaviciosa, término donde se
encuentra el Castro de Ulaca.
También podemos ir a
Villaviciosa desde Robledillo por un camino rural en buen estado
para hacerlo andando, pero dado que una vez en Villaviciosa vamos
a andar y, pensando en la vuelta, me parece más atractiva la
ruta en coche hasta Villaviciosa y partir desde allí andando
al Castro de Ulaca. Así
fué como hice esta ruta y por esa razón me dejó más tiempo para
disfrutar del asentamiento vetón de Ulaca.
Es una ruta cómoda de hacer,
en media hora se llega al altar de los sacrificios y el camino
o sendero está muy bien señalizado. Si además nos encontramos
con el
“guarda”, este nos dará mucha información, tanto sobre
la forma de subir, como de los conocimientos que tiene de los Celtas.
Además en Villaviciosa existe una oficina-museo, donde nos pueden
informar ampliamente sobre cómo llegar al Castro de Ulaca, aunque
no está abierta todos los días, por lo que si tenemos alguna duda
de que camino hay que coger, cualquier vecino de Villaviciosa nos
puede informar con agrado.
Aún pude hacer un tramo
corto en el coche, hasta llegar a una portera de hierro a la
izquierda del camino, con un cartel que anuncia que estamos en
el acceso al castro de Ulaca.
Comencé la suave ascensión
sin saber todavía lo que iba a encontrar. Rápidamente vi los
hitos de granito y pequeños montones de piedra que me indicaban
por donde debía ir. |
Cuando estuve a media ladera hice
una parada, no por el cansancio, pero si para ver el paisaje que
empezaba a sorprenderme por las gargantas que discurrían aparentemente
caprichosas por las cercanas laderas. Podía ver más de 10 pueblos
y empezaba a pensar que, al margen del castro de Ulaca, iba a poder
contemplar un bello espectáculo de los que regala la naturaleza.
También divisaba
el cerro donde no hace mucho tiempo se descubrió un asentamiento
visigodo,
“Navasangil”, pero esta es otra ruta interesante
que relatare cuando las escuela taller creada en Solosancho
acabe de reconstruir ese asentamiento.
De igual forma, volviendo
la vista a mi camino, pude apreciar en el cercano horizonte lo
que en un principio creí ya el castro de Ulaca y en cierto modo
así
era, puesto que lo que en realidad veía eran los restos de la primera
muralla, como pude comprobar poco después.
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También divisaba
el cerro donde no hace mucho tiempo se descubrió este asentamiento
visigodo,
“Navasangil”, pero esta es otra ruta interesante que
relataré
cuando la escuela taller creada en Solosancho acabe de reconstruir
ese asentamiento. |
Ya
en el castro, echaba de menos, el no haberme documentado un poco
sobre los Celtas. Por esta razón a partir de aquí voy a entrelazar
la ruta con datos o apreciaciones que hice posteriormente para
que Vds. conozcan algo más sobre los pobladores de Ulaca.
El
Castro de Ulaca estuvo poblado por tribus vetonas. Se encuentra
situado en las estribaciones de la parte norte de la sierra “Paramera
de Ávila”, sobre una serrezuela, separada de la sierra “El
Zapatero” por dos gargantas cuyos arroyos discurren hacia
Sotalvo, uno, y el otro, hacia Villaviciosa y Solosancho, desembocando
los dos, en el río Adaja, en el centro del Valle Amblés.
La
ubicación de este asentamiento y su naturaleza hacía poco menos
que inexpugnable este Castro por la parte sur del mismo, por
su muralla natural rocosa y altitud de la misma.
Esta
apreciación la pude comprender cuando estuve en el Castro y ví la
morfología del terreno. Un poco de sentido común nos hará comprensible
por qué
un asentamiento en ese lugar. Si no somos estudiosos de la cultura
Celta, si desconocemos esa cultura y nos convertimos nosotros mismos
en vetones de la época prerromana, justificaremos que este pueblo
se asentara en este enclave natural, con una defensa granítica
por un lado y el perímetro de más fácil acceso que protegía o custodiaba
hasta con tres murallas en algunos tramos del Castro, cuyos restos
son aún visibles.
Entre la mucha documentación que he encontrado en relación con
los Celtas y Vettones, he de reseñar un pequeño estudio monográfico
del Toro Celta-Vetton de Solosancho que en Septiembre de 1.986
realizó el ya fallecido D. Lorenzo Sánchez Garrosa. En él hace
una inserción sobre el Castro de Ulaca y del que entre otros documentos
me he nutrido por lo llano de su exposición no exenta de su oportuna
documentación.
Por otra parte tuve la suerte de hacer esta ruta en octubre del
2.001, fecha en la que en Ávila se hace una amplia y documentada
exposición de la cultura Celta del 28 de septiembre al 9 de diciembre
del 2.001, organizada por la Excma. Diputación Provincial de Ávila,
con el patrocinio de numerosas instituciones.
En
el libro “Celtas y Vettones”, publicado con motivo
de esa exposición, se puede profundizar sobre los Celtas en Europa
y los Celtas en Hispania, con connotaciones sobre su lengua,
sus casas, la artesanía, la orfebrería, la religión, la economía,
los castros abulenses, etc.
Pero siguiendo con el estudio de Lorenzo Sánchez, cuenta este que
según el Dr. Antonio Tovar, Ulaca, o mejor dicho la palabra Ulaca,
se deriva de los vocablos germánicos “Vol” y “Aca”,
cuyos significados quieren decir bosque y ciudad, “ciudad
del bosque”. Quizá esta traducción sea la más acertada, puesto
que en la época floreciente de Ulaca tuvo que estar rodeada de
grandes bosques de roble y encina, pues la flora actual así nos
lo indica.
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Es
fácil llegar a esa coclusión al llegar al Castro de Ulaca, imaginándonos
un valle Amblés muy distinto al de ahora, con grandes bosques
y grandes humedales, como sostienen los lugareños de Villaviciosa,
pero además la dimensión de este castro es enorme y habrá que
dar la razón a José
Belmonte Díaz cuando en sus estudios históricos sobre la ciudad
de Ávila, dice: “uno de los castros Vettones mas destacados
debió ser, sin duda, Obila o Ávila, extendiéndose sus dominios
por el norte del valle Amblés y por el sur tenía también muy cerca
el Castro de Ulaca, posiblemente de mas extensión superficial y
potencia militar que el de Ávila”, corroborando de esta forma
la apreciación de D. Arsenio Gutiérrez Palacios que describe el
Castro de Ulaca como una ingente ciudadela céltica, la mayor de
Europa occidental.
Siguiendo
con mi visita a Ulaca, aun desconocedor de estas connotaciones
que aquí recojo, he de dejar constancia que pude disfrutar de
un bonito “paseo” en el que poco a poco iba tratando
de imaginar la vida de sus pobladores, contemplando los posiblemente
sencillos alojamientos que allí se construyeran, el trabajo singular
de las labores realizadas sobre la propia piedra para el altar
de los sacrificios, predominante, como impositivo y seguramente
influyente en la vida de esta aldea, como pude disfrutar de una
espléndida vista del valle Amblés, como antes no había tenido
y como traté de reconstruir la vida de sus pobladores con una
magia sólo posible en lugares donde su historia es tan lejana
en el tiempo que parece mitología. |
Para
mas abundancia de datos sobre la cultura Celta y según reflejan
en su libro Jean Marcale y Valerie Jones “Cocina Celta
y Pote mágico”
que edita la editorial Toxosoutos serie Keltia, somos tal y como
comemos. Otra fantástica alegoría, pero esto lo comento porque
otro motor de la historia, es el sustento del día a día y más si
hablamos como en este caso de un pueblo como el Celta dedicado
en sus orígenes al pastoreo nómada y que en relación con las apreciaciones
de los autores antes aludidos, también se vió abocado a buscar,
aparte de lugares estratégicos para su defension, pastizales para
su ganado o bosques de abundante caza. Es pues la caza y la ganadería
el punto de partida de la cocina Celta.
Según
esos autores lo que comemos nos influye sobre nuestro comportamiento
y pensamiento, así como sobre los mínimos actos de nuestra vida
individual y social, y bien entendido sobre nuestra vida intelectual
y espiritual. |
| En
tiempos de Vercingetorix, el trigo galo era famoso y se sabe que
los celtas eran unos magníficos panaderos. Y todavía
lo son.
¿pero que comían con su pan? Pues pescado no, porque
los Celtas tenían horror al pescado, seguramente porque los
antiguos Celtas no eran marinos y tenían miedo al mar, aunque
si consumían pescado de agua dulce. ¿y que bebían
en sus comidas? Pues aunque la manzana es el fruto céltico
por excelencia, (los antiguos celtas situaban su paraíso en
la isla de Avallon, o Emain Ablach en breton, que quiere decir “la
isla de los manzanos), y podría llevarnos a pensar que bebían
sidra, tampoco es así, puesto que la sidra ha sido descubierta
mucho mas tarde en la historia. ¡No es simple! Basta con saber
que los celtas, cuando no conseguían lograr vino del mediterráneo,
bebían cerveza, la famosa “cervoise”, bebida celta
por excelencia y a veces el aguamiel . |
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Avalon,
en francés: Paraíso celta. En bretón "aval",
quiere decir: "manzana" |
Los
Celtas forman parte de las civilizaciones del cocido. Los mitos
y leyendas que conciernen al caldero, al pote, no son ajenas
a esta manera de preparación culinaria. El pote es un
objeto sagrado: bien lo dice una poesía del siglo VI,
atribuida al bardo Taliesin, “no hierve la comida de un
cobarde”. En revancha, la mayoría de las veces suele
ser mágico: nadie lo deja sin estar harto. Estamos en
el origen del mito del Santo Grial. Los invitados en el castillo
de las Maravillas vieron aparecer un vaso resplandeciente y enseguida
sus platos se llenaron con los mejores manjares que podrían
esperar. Esto recuerda las descripciones según el testimonio
de Posidonios:
“Los
Celtas, después de echar paja de heno en el suelo, pusieron
mesas bajas de madera… Su comida consiste en un poco de
pan y mucha carne cocida en agua… Estos manjares se disponen
en las mesas, pero ellos, como leones, se apoderan con sus manos,
rasgándolos y devorándolos. Admiten también
en sus festines el pescado. Aliñan los peces que van a
asar con sal, vinagre y comino. Si hay varios comensales, se
sientan en círculo, siendo el lugar del centro reservado
al más honorable de los presentes, ya sea un jefe armado,
un héroe cuya habilidad está reconocida como la
mejor, un nombre de gran linaje, o una persona destacada por
su riqueza. El anfitrión se sienta a su lado, y después,
cada uno, según su condición. Detrás de
ellos se encuentran de pie las personas que sostienen los escudos
colgados, con las armas. Se sirve de beber en copas de barro
o de plata, trabajadas como los calderos. Los platos y bandejas
donde ponen las carnes suelen ser semejantes, pero también
los hay de cobre, y a veces, en cestas de mimbre” (Ateneo,
IV, 9).
Este
testimonio data del siglo II de nuestra era. Desde entonces,
las costumbres han evolucionado y la alimentación de los
pueblos Celtas ha cambiado considerablemente. Pero el fondo es
el mismo, con costumbres que se remontan a la prehistoria. La
cocina Céltica, si de verdad existe, no está a
cubierto de mutaciones, pero guarda aún ese aroma de antes,
sobre todo ligada a la caza que nos evoca el recuerdo de una época
lejana y que los celtas aplicaban de dos formas. Una, tradicionalmente
reservada a los poderosos a caballo: la caza de montería,
que todavía se asocia a la caza mayor; en el caso posible
de los Celtas de Ulaca, la caza del jabalí por excelencia.
La otra, para uso del pueblo sencillo: el acecho, que permite
llenar los morrales con Peque%F1as o grandes piezas sabrosas:
la liebre, el pato… |
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Quizá por la zona
en la que nos encontramos y en aquella
época fuera el jabalí una inagotable reserva de
alimentación, aunque también hay una realidad mitológica.
El jabalí es el emblema del guerrero celta. El celebre
Chaudron de Gundestrup, sorprendente y abreviado texto imaginado
de la mitología celta, nos muestra efectivamente a guerreros
con figura de jabalí en sus cascos. Y sabemos por diferentes
reseñas de romanos y griegos que el jabalí formaba
parte de los motivos simbólicos que adornaban los distintivos
portados delante de las tropas galas. Aquí los símbolos
usuales y militares se encuentran en armonía con el mito.
El
jabalí efectivamente es el animal salvaje y arremetedor
por excelencia y traduce bien la fogosidad, la tenacidad y la
independencia característica de los pueblos celtas. En
plan religioso, puede llegar a ser el emblema de un dios activo
y creador, al mismo tiempo que el de un dios destructor. La ambigüedad
del jabalí es patente debido a que es un animal útil,
puesto que es la presa de caza, pero igualmente el destructor
de cultivos y un temible salvaje, en sentido etimológico
de la palabra. Era entonces normal que se hiciese de él
un animal divino, o mejor dicho, una función divina representada
simbólica y alegóricamente por dicho animal.
Ese dios o mito recupera
siempre las realidades que pueden ser cotidianas sin por eso
perder su valor religioso, sobre todo en
épocas en que nadie intentaría diferenciar lo sagrado
de lo profano. Comer jabalí es, en cierta medida, apoderarse
de una parte del poder divino, ya que necesariamente somos lo
que comemos, y la calidad atribuida al animal del que nos alimentamos
pasa de manera obligada al cuerpo de la persona que lo come.
¿y que decir del espíritu
que lo anima?
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Volviendo
a poner los pies en la tierra de Ulaca, retomemos el estudio
monográfico de D. Lorenzo Sánchez, que me ha parecido
un hombre con sensibilidad para tratar, casi como pionero, el
Castro de Ulaca y así deja constancia de ello en ese estudio
realizado en 1.986 y desde el cual ya emplazaba a las instituciones
que les correspondiera para que atendieran ese asentamiento Vettón,
de lo cual me hago eco en señal de apoyo a esa persona
visionaria de una historia que hoy, 15 años después,
parece cobrar mas fuerza o interés en las instituciones
provinciales que espero desemboque en atender en la mejor medida
posible el cuidado y descubrimiento más amplio del Castro
de Ulaca.
Contaba
D. Lorenzo "que han sido varios los objetos hallados por
ganaderos y pastores en la superficie del suelo de este Castro.
El más importante, de los hasta ahora hallados, es una “AJORCA” o
brazalete de oro, descubierto casualmente por el cabrero D. Alejandro
Martín Jiménez, de Solosancho, y rescatado para
la historia por el autor de este breve estudio, (D. Lorenzo),
ya que el Sr. Martín Jiménez desconocía,
por completo, el valor material e histórico del mismo;
por cuya razón, el
único destino que le había dado fue el de atarle
a un trozo de cordel para mantener cerrado el portón del
apartamento de los cabritillos, pero haciendo honor a la verdad,
los primeros en intervenir en este rescate, fueron, los entonces
niños, Arturo Sánchez Galán y Miguel Martín
Moreno, este último hijo de D. Alejandro Martín Jiménez,
a los cuales este aro, como ellos decían, les llamó la
atención por su brillo y su estructura, diciéndole
Arturo: que el había visto en algún libro de su casa
dibujos o fotografías de algo parecido a esto.
En
vista de todo ello, el Sr. Martín Jiménez le dijo
que le cogieran de donde estaba atado y me lo entregaran, (a
D. Lorenzo) para ver si tenía algún valor histórico.
Rápidamente comprobé que si lo tenia y mi primera
gestión fue que se analizara en algún laboratorio
oficial, para ver de que clase de metal era, cosa que se hizo
en el laboratorio de la Jefatura Agronómica de Ávila,
merced al interés tomado por el Ingeniero-Jefe D. José Pascual
Pecharroman, dando por resultado, ser de oro de 28 quilates y
un peso de 75 gramos, por cuya razón, teníamos
ante nosotros una auténtica joya, tanto por su valor histórico
como por su valor intrínsico.
Dado conocimiento de todo ello a las Autoridades Provinciales,
la mencionada
“AJORCA” fue entregada, por mi (Don Lorenzo) al Sr.
Delegado Provincial de Bellas Artes, en unión del entonces
Presidente de la Excma. Diputación provincial de Ávila
D. Fernando Luis Fernández Blanco, y hoy se encuentra en
el museo Provincial de Ávila, a la vista del publico, figurando
su fotografía en la portada del Catálogo últimamente
editado por el referido museo.
Por
el Organismo Oficial correspondiente, a esta auténtica
pieza de Museo se la valora en 50.000 pts., percibiendo D. Alejandro
Martín Jiménez 25.000 pts. y la Cámara Agraria,
entonces Hermandad Sindical del Campo, las otras 25.000 pts.
como entidad administradora de los pastos de la sierra del término
de Solosancho".
He
trascrito literalmente las palabras escritas en el estudio de
D. Lorenzo. Hay a mi juicio, sin ánimo de juzgar, cuando
menos nobleza y ejemplo para posibles descubridores de hallazgos
que puedan aportar conocimiento de nuestra historia a nosotros
mismos y al resto de pobladores de este mundo en el que vivimos. |
En mi visita
a Ulaca y por la falta de información que tenía,
anduve por todo el castro, de arriba abajo, de un lado a otro.
Es muy grande; se ven muchos habitáculos con sus piedras
caídas, se ve Ávila, el castillo de “aunque
os pese”, montones de pueblos, un inmenso valle Amblés,
un sencillo deleite que compartí mientras comía,
al fin y al cabo estaba en un buen sitio para vivir y si no que
se lo pregunten a los Vetones.
En
el libro de “Celtas y Vettones” que se publica en Ávila
con motivo de la exposición sobre los “Celtas y
Vettones”, también he extraído estas connotaciones: "En
Ulaca faltan excavaciones extensas pero se vislumbra bien la
organización de algunas plantas y calles, con las casas
dispuestas regularmente a ambos lados. Las dos vaguadas que cruzan
de este a oeste el castro articulan la distribución de
las viviendas y otras estructuras monumentales. Se han reconocido
cerca de 250 estructuras de piedra en el interior, repartidas
en distintos puntos de la ciudad: complejos de habitaciones cuadrangulares
en el sector norte, construcciones de aparejo ciclópeo
alternando con espacios vacíos en la vaguada sur, modestas
viviendas dispersas por todo el poblado, etc. A la vista de estos
datos, la concepción del espacio doméstico podría
representar la exteriorización de diferencias sociales.
Sin embargo, la variedad de plantas y tamaños (entre 50
y 250 m2 por término medio) sugiere también que
puedan existir funcionalidades diferentes, no estrictamente de
habitación, aunque eso solo podrá elucidarse por
excavación. Dos grandes obras labradas en piedra destacan
por su interés, en el sector mas elevado del poblado,
lo que ya es significativo de por si: El Altar de Sacrificios
y la Fragua. El primero es una estancia rectangular tallada en
la roca, asociada a una gran peña en la que una doble
escalera conduce a una plataforma con varias concavidades comunicadas
entre sí. La sacralidad del monumento es posible establecerla
a partir de una serie de paralelos, el más conocido de
los cuales es el santuario portugués de Panoias, asociado
a inscripciones latinas que nos informan sobre los sacrificios
de animales realizados en el lugar. Las entrañas de las
víctimas se quemaban en nichos o cubetas y la sangre vertía
en otros similares, al tiempo que se rendía culto a las
divinidades. En los castros salmantinos no se conocen vestigios
de estos monumentos religiosos, pero tenemos una interesante
referencia de Plutarco sobre los sacrificios humanos que hacían
los bletonenses, es decir los habitantes de Bletisama, la actual
Ledesma, allá por los años 96-94 a.C. En cuanto
a la Fragua, se trata de una estructura de planta rectangular
que consta de una antecámara, seguida de una cámara
con dos pequeños bancos y un horno. Así denominada
por haberse interpretado como un horno metalúrgico, hoy
se relaciona más bien con edificios termales de carácter
iniciático. Los mejores paralelos de estos singulares
baños de vapor se encuentran en las famosas saunas o “pedras
formosas” de la Cultura Castreña del noroeste, así como
en un conocido texto de Estrabón alusivo al desarrollo
de estas actividades entre los pueblos que vivían en las
inmediaciones del río Duero.
Un
último aspecto a considerar es la existencia de núcleos
de casa fuera de las murallas. En Ulaca el hábitat debió extenderse
al noreste del recinto fortificado, donde se han localizado más
de una veintena de viviendas. ... La existencia de casas extramuros
en estos poblados permite suponer que el recinto amurallado no
indica una situación de peligro e inestabilidad permanente.
En los momento de conflicto la población podría refugiarse
dentro del poblado, ya que existiría espacio libre suficiente."
Para
finalizar este breve relato que sólo ha pretendido ser
una pequeña reseña sobre una amplia cultura que
en el caso de Ulaca está por descubrir y volviendo a tomar
las palabras de D. Lorenzo y que él mismo utilizó
para finalizar su "Estudio monográfico del toro Celta-Vetón",
parece ser que Ulaca fue arruinada y destruida en época
pre-romana, aunque hay quien afirma que fue destruida por las huestes
de Aníbal, pero D. Manuel Gómez Moreno nos dice: "El
Castro de Ulaca ofrece analogía con el de los Olcades, víctimas
de Aníbal", pero no se atreve a fundamentar hipótesis
alguna, sobre ello, y sigue diciendo:
"que sólo si parece que la ciudad de Ulaca fue violentamente
arruinada y quizás antes de hacerse romana, como las Cogotas".
Si hasta aquí has llegado, amigo lector, espero haber despertado
en tí la curiosidad por este Castro y que te animes a visitar
un lugar emblemático que te devolverá con creces
una satisfacción de las que no se paga con dinero, quizá porque
tampoco lo pide. |
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Robledillo
Un acogedor pueblo, de unos 200 habitantes, situado en la falda de la Sierra de Gredos. Dista 20 km de Ávila, Ciudad Patrimonio de la Humanidad y 35 km del Parque Natural de Gredos. Esta muy cerca de Madrid (135 km), Segovia(90 km),
Salamanca (120 km) |
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